Cuentos


Romance...


Cuenta una gran noche y la luna radiaba color sangre y brillaba de tal forma que reflejaba todas aquellas figuras… y allí estaba yo en presencia de una sombra admirable, galante negra y saturada. Brillaban sus gafas rojas al son de la luna y era, alto… Su pelo pareciese las algas del mar negro y que llegaban a inspirar suavidad y frialdad.

Me saluda y asenté con la cabeza tímida y desconfiada… Me toma de la mano y la besó. Sus labios eran tan fríos y tan suaves… Sentí morbosamente su atrevimiento y me sonrojé al momento. Nos presentamos como si la cosa nunca fuera a acabar y entonces, él crea de la nada llamas ardientes con sus manos delgadas y cubiertas por unos guantes de seda blancos, tal vez un poco amañados pero suaves y las deja arder en el suelo juntos con pequeños y grandes troncos bajo la noche de luna roja.

Sentí miedo, por cada suspiro, cada palabra me hacia estremecer y él lo notaba, se acerca a un paso más de mi y me atrapa con sus brazos susurrándome al oído: "De lo que tengo miedo es de tu miedo". Tragué en ese preciso momento saliva y sentía como la temperatura de mi cuerpo ascendía, no dejé un instante de mirar sus ojos, parecían ser mágicos y capaces de llegar a controlarme.

Abracé la noche esa vez y pude sentir por primera vez el frío y el miedo que tan cálido me parecía...

Pasaron segundos... Minutos... Horas... Días... Semanas... Meses... Parecía un sueño más que una realidad. Te convertiste en alguien importante para mí. No conozco a nadie, vivo para sobrevivir y tu me has dado lo que pensaba que perdería para siempre como una simple sirviente aferrada a un único horario donde todo el mundo te hace sentir como una mierda insostenible. 

Grité en una de esas noches cuando ya por fin no te tuve miedo, bellas palabras que me seducían y acababa presa por tu vida, no supe la condición hasta que tus miedos aumentaron por mis actos, mi crecimiento, quizá por todo lo que hacía a tu lado... Tu atrevimiento no dejó silencio aquella vez, y no quise apartarme pues ya había tomado la decisión y tu me miras una y otra vez pensando lo despreocupada que estaba por lo que iba a suceder... Veía como te apartabas y me evitas tocar donde tu y yo sabemos donde, pero no quise detener el momento y quise mostrártelo con tus labios cerca... más cerca... sé que lo deseas. Lo siento y cada vez más es más profundo y siento como dentro de mí brota el alimento y jadeo mientras le abrazaba el cabello, supe que le extremecia y así seguía y seguimos...Levanto la cabeza y supe que no fueron gritos de dolor... Me gustó porque sentí placer... Te acariciaba y tu seguías...y paras hasta levantar la cabeza y te veo completamente distinto, tan distinto que me provocas. Quiero besar tus labios y saborearlos, quiero saborear tu alimento y también lo que me ha convertido. Los beso y los siento, de nuevo fríos pero esta vez ardientes y rojizos, tu lengua... Cálida y suave. Seguimos juntando labio con labio, abrazo con abrazo, sentimos placer de uno y del otro y mientras me saciabas sonreí plácidamente y le susurro: "El miedo es natural en el prudente, y saberlo vencer es ser valiente". 

Como un viejo poema sugiere: Los cuerpos desnudos se hicieron camino, mostrando sus pieles pálidas en una noche cobijo, entre besos y caricias, entre jadeos y risas, el ejercicio no cesaba y hasta la más noble y sensual postura; la mujer se mostraba, como una reina o quizás para él como una diosa...

Fueron meses... Años... Siglos... Eternidades... Pasamos juntos la vida en la muerte, sin envejecer, sin arrepentirnos de nada. Por ti, haría cualquier cosa, querido. Pasemos la eternidad para siempre abrazados y sumisos y que nada nos demore, hasta que nuestros cuerpos se conviertan en ceniza.

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