Las Cinco Torres
Las Cinco Torres
Este es un proyecto de libroweb y juego de Rol.
En este proyecto se concentran ideas para una novela y un libro de rol propios.
Aquí podremos ver algunas ideas para que no se pierdan y se puntualicen sobre la novela.
En otro apartado se escribirán las ideas sobre el libro de rol, pero algunos textos serán tomados de aquí.
LAS CINCO TORRES
-¡¡ME HAS MATADO!!- chillaba enfurecidamente el tipo con el traje blanco, con una espada clavada en mitad de las costillas.-¿¿¿SABES LO QUE HAS ECHO???.-
Esto no seria grave, si no fuera por todo lo que acontecería a raíz de esta situación. En algunos sitios, la cara que este hombre pondría daría el suficiente miedo, si la lograsen atrapar sin perder la cabeza y cualquier miembro que sobrase de cualquier torso.
A su lado, agarrando con fuerza la espada, un tipo con una armadura blanca, ahora teñida con tonos carmín las lagrimas se escapaban sin poder contenerse, deslizándose lentamente por el rostro. A su lado un sombrero blanco de copa rodaba tranquilamente por la espesa mancha, y en su interior una fuerte luz que lentamente se iba apagando.
Pero no adelantemos acontecimientos, pongámonos en materia... Imaginar un mundo aparte, uno donde las religiones nacen de la creencia común, donde ha permitido que la tecnología proliferase a raíz del vapor y se combinasen tranquilamente con la alquimia y la magia, donde aun existen criaturas más allá de la imaginación. Imaginar un mundo donde Da Vinci fuera el precursor de la tecnología donde la maquina de vapor fuera como hoy en día un motor de gasolina y el cobre lo encontraras en grandes cantidades esparcidas por la ciudad.
La gente vive tranquilamente en ciudadelas donde la tecnología es mayor de lo previsto, La seguridad depende de un pequeño ejercito y varios golems mecanizados. Las tiendas van proliferando poco a poco, y el boom de la ultima moda son corpiños y faldas mecanizadas, tuxedos y algún que otro sombrero de copa o bombin. Los monóculos aparte de arreglar alguna deficiencia visual sirven para analizar datos como lo aria un pequeño ordenador y los viajes se hacen en tren, carro o barco. La diferencia entre algunos de sus barcos es que están provistos de complejas hélices o turbinas a vapor que les permiten despegar, y en vez de surcar los mares hacen lo propio con las corrientes de aire y las nubes.
Las ciudades comienzan a crearse en pequeñas metrópolis de gente trabajadora cual hormigas, Infestadas de fabricas que producen las ultimas tecnologías y comodidades para el mundo que vas a conocer y donde los mares comienzan a llenarse de los residuos de estas fabricas, Un mundo donde una malvada bruja intenta dominar los diferentes continentes convocando demonios y creando guerras entre reinos.
Las razas conviven en armonía, siempre que no vivan en una misma ciudadela, cosa que en las más grandes suele ocurrir, y acaban conviviendo en diferentes barrios divididos un poco por cada especie o raza, Así pues en una misma ciudadela se puede encontrar humanos, elfos, orcos, bastets, enanos(aquí las enanas van mas a la moda y carecen de barba, pero siguen portando el hacha reglamentaria) o goblins (y un compendio de muchas razas que sorprenderían al zoologo más sabio ).
Entre ellos se llaman de otras muchas maneras, aunque algunas de ellas no son muy bonitas.
La magia se ha ido desarrollando tranquilamente, donde tranquilamente antaño eran inmensas torres que acababan derruidas por las guerras mágicas que consistían en lanzarse conjuros unos a otros hasta que la enemiga se convertía en ceniza, mantequilla o alguna mezcla semejante entre ambas.
Como decíamos, se ha desarrollado en numerosas escuelas de todo tipo, desde la más básica conjuración, hasta los complejos conjuros elementales. La gente suele llamar desastres meteorológicos a una inundación o terremoto. Para los magos sabios se sabe que cuando curre un suceso de este calibre, ocurre que un nuevo hechicero ha nacido. Esto puede pasar en cualquier raza, si tan siquiera la diferencia entre que una mariposa nazca con poderes mágicos es que el rocío se torne de color azulado o rojizo en vez de un gran terremoto, pero oye, también puede pasar.
En el caso de la persona en la que nos centramos no ocurrió nada de eso, todo lo contrario. Si podía haber una noche tranquila, esta era esa. Los pájaros no abrieron el pico ni para dar las buenas noches, ni era el caso de algún susurro en boca de alguna cría intentando que le dieran de comer. Las nubes se escondieron sobre las montañas, y cualquiera que supiera de magia estaba demasiado vago como para pretender hacer el gesto mas mínimo, incluso Ferguson, el mago blanco, tuvo que encender esa noche su chimenea con yesca y pedernal, puesto que los conjuros tenían vergüenza y se sonrojaban al salir para ocultarse en el fondo de su manga.
Esa noche nació una niña, la pequeña Alicia, eso no era importante para nadie en absoluto. Simplemente nació no tuvo una vida extremadamente complicada, sus padres vivían moderadamente en el campo donde trabajaba para subsistir, no conocía apenas las grandes ciudades, ni tenia contacto con la magia. Pues lo mas extraño que vivió fue ese día en que el Sol se torno verde, salieron dos lunas, las estrellas se volvían rojas y parecía que no querían estar mucho rato en el cielo sin esconderse unas detrás de otras, aunque bien pudo ser un sueño.
Seria para mi grato decir que este es un mundo mágico posado encima de algún tipo de animal que camina por el espacio, de algún extraño modo... pero no somos tan exóticos, Nuestro mundo se llama Pangea y esta dividido por 2 continentes enormes y uno mas pequeño (se sabe que en verdad es un solo continente pero algún retorcido mago decidió usar todo su poder para dividirlo alzando el nivel del mar, pretendía crear un pequeño continente donde el pudiese gobernar a todos con una especie de ornamentación única, pero acto seguido murió)
Espero no haberos dado demasiada información, me llaman Hatta, soy uno de los celestiales, una de esas razas que están por encima de los mundos, que no son dioses, solo controlamos que todo siga su lógica, una lógica que no todo el mundo comprende. Algunos lo llaman destino, yo prefiero llamarlo el teatro de la vida. Esto y un buen paquete de palomitas y tengo la tarde realizada.
Para ser exactos, y lo que la mayoría de la gente vive en este mundo es la glorificación de los celestiales, pero ya hablaremos de ellos mas adelante.
Capitulo 1º: Torre del Reloj
La historia comienza en el pequeño continente del sur, llamado Lifa por un gran árbol que mantiene vivo el planeta. Este árbol es glorificado por muchas de las especies amantes de la tierra y las plantas, Suele estar custodiado por ancianos elfos que protegen el lugar. Por supuesto entrar en alguno de los bosques es considerado un suicidio y automáticamente se te da una esquela en el cementerio mas próximo. Lo mas seguro no es que mueras, quizás te conviertas en un escarabajo pelotero o te vuelvas de piedra, incluso puede que simplemente el tiempo pase mas deprisa para ti aunque tu te muevas mas despacio y acabes convertido en ceniza por el simple paso del tiempo.
Estos son los bosques prohibidos del tiempo, custodiado por los silfos y hadas, se rumorea que en el centro hay un lago que tras la niebla te puede llevar al reino de los sueños. Pero nadie se atrevió a profundizar tanto en el bosque, o mas bien nadie se atrevió a salir de ellos, Si alguien asciende muy alto, aparte del gran árbol de Lifa, se puede encontrar una gran torre medio descompuesta siempre rodeada de multitud de cuervos.
Existe tras un camino pedregoso un pueblecito, de esos amargados y olvidados que el tiempo y la inclemencia del bosque dejo marcadas las tierras del pueblo.
Las casas se extendían de manera uniforme, o así lo hacían tras el gran incendio. Ahora solo queda un montón de gente estupefacta que rodeaban la única casa en pie.
Robin, no sabia que cara poner. Todo el pueblo estaba enfrente de su casa, la única intacta entre los escombros y las cenizas.
Podría explicaros todo lo que le dijeron, como casi lo lapidan vivo (por que muerto no tendría tanto sentido), o como lo tiraron del pueblucho echo cenizas.
Realmente le echaron la culpa de tooooooooodas las desgracias que sucedían en el pueblo desde entonces.
Quizás que las cabras empezaran a dar leche en polvo, que llovieran ranas y tortugas, o que incluso las patatas crecieran de los arboles y las manzanas bajo tierra fueran cosas normales. Pero cuando la cosa fue a mayores y de los huevos de las gallinas nacieran gatos, hubiera una plaga de calabazas que se comían las cosechas de los vecinos, y de que la única casa que siempre quedaba en pie era la de Robin y su familia, pues no gusto demasiado al resto de conciudadanos.
¿pero el incendio general? Pero el no tenia nada que ver, por dios si el acababa de echarse a dormir por la noche.
Así pues Robin cogió el petate, y con gran alegría suya por esas vacaciones gratuitas al campo que le habían dado, se marcho al trote campo a través. Entonces sucedió... haciendo alarde de su gran destreza tropezó con la rama de un árbol y callo como un yunque sobre el rió que cruzaba justo por debajo de los pies. Robin nunca fue un muchacho muy despierto.
Alicia mientras tanto estaba algo desorientada, sus padres acababan de fallecer, y para una niña eso supone siempre un desconsuelo... Para algunos otros una nueva oportunidad.
La niña Alicia era una muchacha de ojos y pelo claro, cuando el sol estaba fuerte en lo mas alto, su pelo brillaba blanco, casi plateado, cuando el sol se ocultaba tras las nubes tenia un color cobrizo.
Por lo visto en el gran continente de Spira se había formado un ejercito de criaturas infernales. La ciudadela era grande, la mas grande jamas vista.
El núcleo central estaba erigido en tonos rojos y grises. La vida de la ciudadela era como un hormiguero, la gente se apiñaba en pequeños edificios grises con grandes banderas. El gran ejercito estaba formado por golems creado por los alquimistas, por humanos orcos y elfos oscuros armados con armas extrañas, y unos barcos voladores de color negro con grandes velas rojas partían en la conquista de los territorios que aun resistían a su expansión.
La monarca no la había visto nadie todavía, la llamaban la reina roja. Se decía que criaba extrañas criaturas sacadas de las pesadillas y les daba sacrificios para mantener sus poderes. Ella era el alfa y el omega de la ciudad, nada pasaba desapercibido para ella, nada sucedía sin que ella lo supiera, nada ocurría sin que ella diera permiso para que pasara, y si pasaba eras criatura muerta.
Pero ella exigía aun mas, algo mas... estaba buscando algo y no dudaría en encontrarlo.
Si pudierais imaginar un gran continente, dividido en 3 partes.
Uno de esos barcos llego a la ciudadela principal de Lifa, querían ampliar su ejercito y sobretodo expandir sus fronteras.
El resultado fue una gran batalla. Los elfos se opusieron con todas sus fuerzas al ataque, la ciudad supo defenderse bien a varias naves que llegaron desde el cielo, y los daños fueron menores.
Pero no para Alicia, ella vivía en un pueblo cercano.
Había vivido tranquila, ahora estaba sentada a la puerta del cementerio, con el uniforme de la escuela todavía puesto.
la guerra causo estragos en los pueblecitos cercanos. No es que fuera un pueblo importante o grande, pero una de las criaturas infernales paso por allí, y antes de ser derribada sembró el caos lo suficiente, sesgando la vida de algunos pueblerinos, y entre ellos los padres de Alicia.
Alicia era una muchacha tranquila y curiosa, aun era joven, pues tenia 11 añitos, aun iba a la escuela, aunque en ocasiones ayudaba en el campo, Siempre intentaba parecer muy seria pero enseguida todo le despertaba una gran curiosidad. Vagaba como si formara parte de otros mundos, y su gran imaginación la hacia inventarse historias disparatadas, incluso para un mundo disparatado. Siempre estaba dispuesta a una nueva aventura y Aunque tenia una hermana mas mayor, hacia tiempo que esta se había marchado de casa.
Alicia seguía posada en el parque, llorando desconsoladamente. Lo había perdido todo, su familia, sus padres, su gatita diana. Incluso su hermana habían desaparecido de su vida.
Estaba perdida y descompuesta, no sabia que hacer, ni tenia adonde ir.
Un hombre, ataviado con un extravagante sombrero de copa, paso por su lado. La mayoría pasaban por su lado sin decirle nada, puesto que hacer caso a cualquier persona que no sea uno mismo implicaba nimiamente tener que escuchar lo que tienen que decirte, y eso ya de por si era un problema. La mayoría de la gente prefiere escucharse a si mismos antes que a los demás, no fomentara amistades pero si un ahorro considerable de tiempo y ego.
-Deberías tomar más te- farfullo el desconocido. -¿Disculpa?- protesto Alicia desconcertada. -Creo que no entiende la gravedad de mi situación.-
El Señor se quedo traspuesto ante la respuesta de una muchacha tan joven. -Solo digo que deberías tomar un té, derramar tantas lagrimas al final te dejara seca, y eso es terrible para el cabello.- Contesto la figura.
Alicia estaba realmente desconcertada, Ya no solo la situación en la que se encontraba, si no por el descaro del mundo entero, y mas concretamente el de esta persona que interrumpía sus pensamientos, no comprendía como alguien podía irrumpir así en su dolor y sus divagaciones. Ahora que se fijaba bien el tipo era realmente extraño, ni siquiera vestía algo que ella hubiese visto alguna vez.
El muchacho tenia un sombrero de copa decorado con unas gafas binoculares. Por lo visto hacían de lupa y se podían calibrar para aumentar el efecto. Su ropaje de un tono negro, con bordados dorados resaltaba lo miraras desde donde lo miraras, aunque en especial tenia la gran cualidad de que si no te dirigía una palabra antes y pese a su pintoresco aspecto, no te llegabas a fijar en el, como si no existiera. Una pequeña hombrera mecanizada colgaba del lado izquierdo. Una cadenita agarraba algo desde el interior de su traje, y unos bellos zapatos terminados en punta coronaban la fachada de este singular espécimen.
Pero lo mas extraño no era la indumentaria, era el aspecto en si, con el pelo negro y revuelto, una ligera perilla, lo que mas destacaba, y lo mas disimulado, eran unos tatuajes que se asomaban por el cuello de la camisa. Ahora que estaba inclinado se podían ver, no eran constantes, cambiaban de forma de manera disimulada, y tenían forma de letras arcanas. Aunque a los ojos de ella eran simples garabatos que se movían como un hormiguero despedazando su próxima cena.
Esta visión dejo a Alicia aun mas perpleja.
-¿Quien sois?- se atrevió a formular la niña. - ¿Qué? Yo solo, un paseante mas, de este...emmm...camino...- empezó a balbucear el caballero. -Realmente quedándote ahí parada no vas a hacer frente a tu destino. Deberías comenzar a andar hacia algún lugar.- Lo dicen las cartas.-
Alicia puso cara de ofendida, pero esto lo hizo mientras intentaba esconder su verdadero rostro, tanto de sorprendida como de curiosa. El tipo del sombrero saco de entre sus ropas, casi de manera imperceptible una baraja de cartas abusada por los lados, como si llevara demasiado tiempo luchando contra el tiempo y todavía siguieran ganándole la batalla.
El señor comenzó a tirar las cartas que quedaban sobre el suelo entre la separación de la niña y el. Esta se agacho sobre su falda y se agarro las rodillas mientras miraba curiosa los dibujos.
-El loco...- comenzó a decir el señor.- Alguien que no esperas se acercara a ti y caminara por tu camino, ¡¡¡ Quizás sea yo!!!- Comenzó a decir aunque se le apago la sonrisa al ver la cara de poco convencida de la niña.
-La emperatriz- prosiguió -Un gran vinculo familiar que se ha roto, un nuevo comienzo que tu misma guiaras, un encuentro inevitable.
-La torre- dijo volteando una vez mas.- Grandes peligros en tu camino que te auguran aventuras miedos y quizás un trágico final inesperada.- carraspeo mirando la cara de preocupada de la niña.
-La muerte.- Sonrió, pero enseguida le explico a la chica.- Esta es buena, significa un nuevo comienzo, tendrás que empezar de cero, creación tras la destrucción.- Dijo con una risita escapándose de entre sus los dientes, como si procediera de una cueva oculta del fondo de su garganta.
-Y por ultimo el ermitaño y el carro- dijo girando las dos ultimas cartas que parecían estar pegadas.-Estas parece que no se quieren separar, así que supondré que encontraras a alguien que te guié en el camino y conocerás mucho mundo.
Obviamente, parecía como si se guardara el resto de los resultados, como una apuesta que no sabe si se ganara, un as en la manga o algún juego extraño.
-OH! Que tarde es... mira.- Dijo enseñando un reloj con 48 horas marcadas en el.- Llego tarde a mi hora del te.-
Después de decir esto se marcho, sin esperar replica alguna.
Alicia no era capaz de asimilarlo. No era el tipo de palabras que esperaba, realmente no esperaba algún tipo de palabra. La gente que conocía ahora mismo tenia sus propias dolencias y el pueblo estaba maltrecho. Pero la habían dejado con mas preguntas que respuestas en la mente, y sobretodo con un sabor agridulce que no sabría describir si le terminaba de convencer. Era como ese regaliz ácido y dulce que o te gusta o lo detestas.
Así que un poco entumecida, quizás mas por la conversación que por las lagrimas, se dirigió a los restos de su casa decidida a descansar.
En el bosque, quizás mas perdido en sus pensamientos que en el propio terreno, se encontraba Robin. Había acampado cerca del ultimo pueblecito al que llego, este había sido atacado hace poco y ayudo como pudo. También había estado intentado hacer una fogata por varias horas, pero la humedad de las ramas no le daban la oportunidad de calentarse esta noche.
Robin era un tipo de pelo largo y oscuro, ojos negros como la noche y de, al contrario que su inteligencia, gran tamaño. Pero la maravilla de Robin era su gran simpleza, lograba caer bien a la gente, el se acordaba de todo el mundo y siempre escuchaba, quizás por que prefería escuchar a hablar, Su mente intentaba hablar y razonar y las palabras salían en tropel, pero se atascaban en su lengua y casi siempre acababan en tartamudeos o tropezándose con sus dientes.
La oscuridad del bosque no le dejaba muchas opciones, pero pese a todo no estaba cansado. Decidió caminar un tramo mas, no importaba la dirección el se encontraba feliz dando un paseo por el bosque. No había conocido la violencia realmente, y en su pueblo apenas se escuchaba la palabra guerra, pero el sabia de las antiguas historias que hablaban sobre héroes, reyes, y guerreros increíbles aun con la gran moral que tenia Robin, nunca le habían dado la oportunidad de defender a nadie. Quizás sea por la mala suerte, o su gran torpeza, que acababa por romperlo todo y ocurrir desgracias a su alrededor.
En ocasiones el muchacho pensaba que la mejor manera de asegurarse de la paz mundial seria alejarse del mundo bien lejos. Pero no conocía en absoluto una nave tan sumamente grande que le permitiera irse tan sumamente lejos.
Era entrada la noche cuando la joven Alicia despertó por un sonido, al mirar hacia la ventana, o lo que quedaba de ella, pudo ver unos ojos brillando, la figura era baja, y estaba acuclillada en el alfeizar de la misma. Un pelo largo y grisáceo era empujado por el viento que recorría el exterior.
-¿Por qué? tu no eres nadie,¿Por qué no funciona contigo? Me intrigas...-Susurró entre dientes la criatura de orejas puntiagudas.-Debería matarte ahora mismo,¿por que no me dejas?.- se podían ver unos colmillos blanquecinos mientras hablaba casi en suspiros.
Volviendo atrás en el tiempo, podríamos conocer con mejor detalle lo sucedido.
Alicia volvía a su casa cuando estallo la guerra en la ciudad, una de las criaturas se había marchado desbocada y corría libre por el campo persiguiendo a cuanto encontraba, sin saber donde se encontraba la criatura, ansiosa por el dolor que le creaban los diferentes garfios enganchadas a sus extremidades, no podía más que odiar cuanto le rodeaba.
Había sido criado en cautiverio, torturado y alimentado con sueros alquímicos de su boca ahora solo le recorría espuma, podría decirse que era semejante a un perro, un perro como un gran vehículo capaz de trasportar decenas de personas.
Esta criatura a la que la reina roja llamo "cariñosamete" Juggernaut, estaba delante de el poblado de nuestra pequeña.
Al cabo de unas horas tenia congregados a su alrededor aldeanos armados con rudimentarias herramientas de trabajo, con fuego y antorchas. (todos saben que capturar criaturas ha de ser siempre con antorchas, si no no vale) Pero la criatura podía arrasar con ellos con facilidad, sus grandes garras levantaban por los aires cuanto cruzaba por su camino.
Pronto atravesó la pared de varios edificios asolandolo todo a su paso, y entre ellos paso por encima de varias familias. El caos se había formado rápidamente, pero algo llamo la atención de la criatura...
Justo al atravesar la ultima pared, tenia enfrente a un cachorro de esas criaturas pequeñas.
No entendía el porque, quizás el olor, o la esencia pero le causaba un gran terror. La niña Alicia estaba enfrente de la criatura llorando, los aldeanos gritando, y Juggernaut solo la olfateaba.
Robin había llegado a un pueblo nuevo, había sido echado de un par de pueblos más antes.(problemas con las cosechas, una riada y algo de nieve en forma de cuchillas en plena primavera) Así que estaba ya acostumbrado, iba a abastecerse un poco para acampar en las afueras del pueblo, cuando la criatura gigantesca llego. Obviamente tropezó consigo mismo, se le escurrió el bulto donde llevaba todas sus cosas bajo un carro, y el pudo esquivar el zarpazo por los pelos.
Al cabo de un rato pudo ver la escena de la gran criatura y la niña, pero esta vez su cuerpo que a veces tendía a coger el mando antes que su mente reacciono. Cogió una espada de uno de los guardias del pueblo que había sido abatido y arremetió rápidamente contra la criatura. La gente no tuvo mucho tiempo para preguntarse que ocurría y obviamente la niña quedo en segundo plano. No paso realmente mucho tiempo hasta que al fin lograran terminar con Juggernaut y arrastrarlo por el camino hasta el centro del pueblo.
¿Y ahora?
Alicia se despertó sobresaltada, ya era medio día. Había estado durmiendo durante horas, miro dubitativamente la ventana durante un instante preguntando cuan real había sido ese sueño y se reviso el cuello. Los chupasangres son solo leyendas urbanas, eso era absurdo, no existen los muchachos que te aman mientras te dejan mas seca que la mojama, eso pasaba en las peores novelas que había podido leer en su infancia.
La muchacha se vistió, se dirigió a lo que quedaba de la cocina, Se ve que la criatura que asolo el pueblo había atravesado varios edificios destrozando con sus grandes garras y colmillos todo lo que encontraba por el camino. en la despensa quedaba aun un poco de maíz seco, y algo de arroz. Se preparo un poco de comida, se arreglo como pudo y marcho no sin mirar una ultima vez hacia atrás sin saber que esa era la ultima vez. La casa desprendía recuerdos y el olor que trasmiten las casas familiares con una madre histérica por el orden y la limpieza.
Al llegar al centro del pueblo, escucho una noticia inquietante, iban a prender en llamas a la criatura abatida.
El espectáculo esperaba calmar el miedo y la rabia de los aldeanos, Su espíritu estaba abatido por la catástrofe y lleno de odio hacia el continente enemigo.
Como podía imaginar casi todo el pueblo estaba reunido enfrente de la criatura. Un grupo de jóvenes alborotados estaban tratando de organizarse para marchar contra el continente vecino. Pese a sus gritos Alicia no podía dejar de mirar al ser que le había arrebatado cuanto conocía.
Tenia aspecto de lobo despellejado, apenas tenia pelo, su piel parecía cuero ennegrecido y curtido. Una larga cola huesuda terminaba al final de la espina dorsal que se remarcaba junto a las costillas del animal. Lo magnifico era su tamaño, casi tan grande como un edificio, al menos uno que ella conociera.
Cabalgar uno de esos se haría imposible por sus marcados huesos, lo extraño de ello eran las patas, estaban cubiertas de metal anaranjado, seguramente cobre reforzado. Una especie de engranajes sobresalían por los bordes, estaban marcados con un numero en lo alto, en este caso el 028. Las patas no tenían garras, disponía mas bien de una especie de cuchillas a modo de zarpas y del cuello unos tubos surgían atravesando el cuero de las patas y el metal.
De las cicatrices salia un liquido negruzco que aun burbujeaba por el calor.
Un tipo ataviado con un traje militar de color verde oscuro se acerco al animal con una espada, esta ardió en llamas azuladas que rápidamente envolvieron a la criatura en cuanto se acercaron a ella. la fogata se extendió durante un par de horas, mientras el animo de la gente comenzaba a disiparse y la amargura dejo paso a un desazón que cubría el pueblo ante las perdidas.
El militar se sentó en una mesa en la cual poca gente había prestado atención hasta ahora. Llamo la atención a los jóvenes alborotadores de antes.
-¿ Queréis justicia? Yo puedo daros justicia, Uniros a nuestras filas. Aquí podréis encontrarla.- Comenzó a decir. Uno de los ancianos rápidamente le corto.- La guerra conduce al odio, y el odio a mas guerra, así solo aumentareis el fuego que nos ha consumido.-
-¿ Sugerís pues que dejemos que consuman al resto de pueblos igual que hicieron con el vuestro?- Le callo el militar. Al ver que no había replica, varios muchachos fueron primero con dudas, luego corriendo a alistarse. El militar sonreía satisfecho, mientras el poblado mas triste que alarmado, veía no solo la perdida que tenían frente a ellos, si no como su futuro se alejaría alistado a un zepelin que se llevaba a los mas jóvenes a una cruenta batalla de la que muchos no regresarían.
Entre los chicos estaba Robin con su petate y aspecto desaliñado. Realmente no tenia muchos sitios a donde ir, puede que lo mejor fuera morir en la batalla luchando por los que lo habían despreciado, y quizás volviera condecorado para darle en las narices a todos ellos. Ademas servían dos comidas diarias y había una pequeña paga, es mucho mas de lo que nadie le ofrecía a alguien como el. Cansado de dormir en la intemperie lo de estos días había sido demasiado para alguien como el, estaba acostumbrado a tener mala suerte, pero no a ver morir a la gente a su alrededor. Aun estaba preguntándose como demonios logro sobrevivir.
Al cabo de unas horas en la plaza estaba un pequeño ejercito reunido.
Alicia estaba sentada en un banco contemplando la escena, discretamente se acerco al cuerpo carbonizado y humeante de la criatura. entre los restos pudo ver una pequeña esfera roja que brillaba hipnóticamente, era como una palpitación.
Alargo la mano para coger la esfera, nada mas rozarla su cabeza comenzó a dolerle, como un terrible pinchazo que le acababa atravesando la columna entera. Contemplo la esfera que tenia grabado un 027 en un costado, parecía una canica del tamaño de un puño. Discretamente la deslizo dentro de su bolsillo.
El militar estaba acompañado de varios de rango inferior, uno de ellos portaba una lista en la mano, e iba mencionando los nombres uno a uno. Cuando la persona se presentaba, le daban un numero, una mochila y le asignaban a otro militar al cargo. Cada uno iría a una zona distinta.
Robin estaba nervioso, la gente últimamente decía su nombre para maldecirlo o para que se marchara, no para que se quedara en algún sitio, no sabia describir si era emoción, o miedo. Era gafe por naturaleza así que la gente se iba dando cuenta poco a poco y dejándolo de lado.
Cuando por fin llego su turno, le asignaron la mochila, que primero se rompió y acabaron todas sus posesiones en el suelo, le entregaron otra, que espontáneamente ardió para perplejidad de todos los presentes, y al final le dieron un saco donde metió los objetos de la primera mochila que se había roto. Extrañamente se sentía mas cómodo llevando el saco que una mochila, quizás a fuerza de la costumbre.
Cuando se persono delante del tipo que tenia que ir había un tipo totalmente extraño, nada que ver con el resto de militares a los que habían sido asignado el resto.
En este caso en especial, estaba un extraño tipo con sombrero de copa blanco y unas gafas redondas rojas, Si, era el mismo personaje que se cruzo Alicia antaño, así que no hace falta presentación para vosotros, aunque quizás a Robin se le ocurría alguna que otra pregunta mas.
Hay que decir que Robin era un tipo de complexión delgada y pelo medio corto y negro. No destacaba por su aspecto, es mas, no destacaba en ninguno de sus aspectos. Era un bueno para nada.
Realmente provenía de un pueblo que las cosas funcionaban por que pensaban que funcionaban, Si creían que pintar un carro de rojo le aria ir mas rápido, iría mas rápido. Lastima que apenas conocieran los carros, este pueblecito en concreto eran mas del tipo que cogerían el animal que ha de tirar de el, lo subirían encima y a fuerza bruta llevaría el carro el mismo.
Nunca vio algo de mayor complejidad que un carro tirado por burros, y algunos de esos asnos eran familiares suyos que preferían eso que tener que leer un simple libro. Era un humilde pueblo de comarca que apenas tenían tecnología sabia que existían los trenes, pero los ancianos del pueblo opinaban que eran monturas de los celestiales y que si te montabas en uno te robaría el alma.
En ese aspecto Robin si tenia una ventaja, era mas listo que la media. No conocía la tecnología, y no tenia ningún tipo de constitución para nada, pero tenia una gran memoria, era capaz de memorizar cualquier libro que viera, y sobretodo comprenderlo, Lastima que en su pueblecito solo disponía de diez libros en la biblioteca, la biblioteca era la casa de un tipo un tanto extraño que fue devorado por un lobo hacia años. La cerraron y nadie mas se atrevió a pisarlo, por si estaba el sitio maldito.
Haiga, el tipo del sombrero, lo miraba con una extraña y pintoresca sonrisa. A través del cuello de la camisa y entre su tupido pelo oscuro podía ver algo que se movía si Robin estaba fijándose bien, eso era un tatuaje que cambiaba de forma burlonamente.
-mmmmrrrobinnnn....- Dijo Haiga arrastrando las letras, como leyéndolas indiferente sobre un libro de muy extraña decoración.-Si, creo que eres el ultimo, tu has de venirte conmigo- decía mientras señalaba hacia un camino totalmente opuesto a donde se dirigía el resto.
-Pero, señor, la gente esta caminando en dirección contraria!!!- Dijo Robin alarmado.-CUÁDRESE, MIRE AL FRENTE, MARCHA ADELANTE, Y NO OSES REPLICARME!!!!-Chillo Haiga con dilación.
Robin sin darse cuenta estaba andando con su saco en la espalda hacia delante, una dirección totalmente contraria a donde el resto se dirigía.
Realmente el pueblo no era muy grande, casas perdidas por aquí y por allá algún que otro campo de cultivo por todas direcciones, una casa mas grande que se suponía que era el ayuntamiento y la taberna. Una gran taberna donde todo el pueblo se reunía para tomar un descanso antes de dormir. Se sabe que antaño había otra taberna, pero el dueño de la primera no estaba demasiado complacido, así que muy gustosamente había echo entrar en razón al dueño de la segunda. (Quizás se puede llamar entrar en razón a prender fuego a la segunda taberna y dejar un mensaje con sal en los huertos, al segundo dueño ahora arruinado no le quedo mas remedio que decidir cerrar la taberna)
Cuando Robin y Haiga entraron en la taberna se la veía concurrida, la gente ya estaba cambiándose y poniéndose el uniforme, las caras de algunos eran de dolor, pero aun se respiraba algo de animación A este grupo en concreto les habían dado un motivo, cruel como la venganza, para no pensar en su dolor y ahora estaban sentados con ganas de tomarse unas cervezas con esta nueva amiga.
Haigo le hizo sentarse en una mesa cuarteada. Robin acto seguido tropezó con la silla, empujando la mesa y tirando otra silla en el proceso. Aunque para sorpresa de el, el otro invitado, cogió al vuelo la jarra de cerveza y la volvió a posar sobre la mesa.
Habían varias personas mas, vestidos con mono de trabajo y gorras.
-Saludos, Joven pipiolo, ¿ Así que tu eres la nueva adquisición de nuestro amigo el sombrerero?- Esto lo preguntaba una figura muy bajita situada al lado de una sombra. Robin asintió tímidamente. -Ya me contaron sobre tus hazañas y tu torpeza. Pero te enseñaremos a hacer algo mas que tropezarte, te lo aseguro.- De entre las sombras se pudo ver una sonrisa maliciosa destellar, Robin no tenia muy claro si eso le tranquilizaba o lo ponía mas nervioso. ¿Abra echo bien en venir con ellos?
-Pero ¿Quien sois?- Logro pronunciar.
El tipo del sombrero se adelanto a la figura y comenzó a presentarlos - Este es Oz, el increíble y sabio Oz, era un gran aventurero. Te aconsejo que no lo subestimes puesto que se las conoce todas, y nunca trates de hacer una apuesta con el.- De entre las sombras surgió una mano chiquitina y verdosa. Robin miraba perplejo, no podía ser un orco, esos eran grandes y...
La sonrisa se aproximo lentamente mas hacia la luz y pronto pudo verse una nariz ganchuda y una pequeña perilla blanca, a juego le seguían unas orejas largas y caídas, y un tono verde de piel inconfundible.
-Un goblin!- se sorprendió Robin. -EL goblin.- le corrigió Oz.- Y estos de al rededor se llaman Yesse, Big y Wedde. Serán tus compañeros de herramientas.-
Robin miraba el peto de uno de ellos, demasiado curvado para ser un torso masculino pese al aspecto rudo que intentaba aparentar. Volvió a saludar tímidamente.- ¿Tienes la nave preparada ya?- Pregunto el tipo del sombrero.
-Oh! por supuesto, mi equipo y yo le dimos una puesta apunto antes de venir. Cuando estáis listos podemos marcharnos.- Haiga miro en su libro, pasando las paginas con un gesto extraño, como chasqueando los dedos.-Pronto estará aquí el siguiente invitado, si. Vayámonos, pero antes cenemos un poco.-
E
No hay comentarios:
Publicar un comentario